Refranes, proverbios y otras paremias de España

Caro como aceite de Aparicio

"Caro como aceite de Aparicio"

Dícese de todo aquello que resulta caro. Se transcribe a continuación los comentarios de Sbarbi sobre esta relación:

"Del Formulario universal o Guía práctica del médico, etc., por D. Francisco Álvarez Alcalá, copio la siguiente «Receta del aceite de Aparicio o bálsamo de Aparicio:
R. Aceite de olivas (2250 gr.)
Sumidades floridas de romero.
Sumidades floridas de hipericón.
Ruda (560 gr.)
Se digiere por tres días en un paraje caliente, y se añade:
Lombrices terrestres (180 gr.)
Se cuece hasta que se consume la humedad, se cuela, y se disuelve:
Trementina buena (560 gr.)
Resina de enebro en polvo.
Incienso en polvo (60 gr.)
Almáciga en polvo (30 gr.)
Se cuela y guarda. Se usaba como vulnerario.»


Los ingredientes que entran a componer el anterior fármaco no nos parecen, a la verdad, ser de tal rareza y de tan excesivo coste que basten por sí solos a haber dado origen a esta frase proverbial; pero si se tiene en cuenta la relación que pasamos a transcribir, hallada por nosotros en un manuscrito de principios del siglo XVIII, quedará justificada la razón del dicho que nos ocupa.

Isabel Pérez de Peromato, viuda de Aparicio de Zubia, conocido generalmente en su tiempo por Aparicio el de los aceites, hizo una petición al Reino reunido en Cortes el 7 de febrero de 1567, por la que prometía decir y declarar los componentes del aceite medicinal que su difunto marido y ella hacían, y el método de confeccionarlo, si por ello se le aprontaba alguna merced o gratificación. Comisionóse con este motivo a Juan de Henao y al licenciado San Pedro para que la oyesen y se informasen de lo que pudiera haber en el particular, y propusiesen al Reino lo que estimasen más acertado. En efecto, votada la cuestión en Cortes, y mediante arreglo del susodicho San Pedro con la interesada, acordó el Reino se la atendiera con la suma de sesenta ducados cada año por el tiempo de su vida; ordenándose asimismo, que del modo de hacer y usar este aceite se imprimiesen dos mil ejemplares, con el objeto de que los procuradores los repartiesen en sus respectivas provincias; mas habiéndose quejado los facultativos de los hospitales de que el bálsamo hecho según el procedimiento que había presentado la Isabel no producía los efectos saludables que cuando lo confeccionaba su difunto marido, húbosele de retirar a la viuda la retribución concertada hasta nueva determinación. Noticioso en este entretanto el licenciado San Pedro de que un fraile dominico residente en cierto monasterio de las montañas sabía la fórmula de este aceite, por habérsela revelado confidencialmente Aparicio poco antes de morir, se acordó que el mismo San Pedro escribiese a aquel religioso en nombre del Reino, pidiéndole que enviase un traslado de dicha fórmula, a fin de ver si estaba conteste con la declarada por la viuda. En resumen, cotejadas las fórmulas entre sí, debieron estar conformes, cuando en 8 de junio del propio año acordó el Reino que se alzase el embargo a la viuda, notificando al receptor que siguiese acudiendo a la interesada en los sesenta ducados anuales que se le habían otorgado.

Véase ahora la verdadera receta del aceite de Aparicio, declarada por la viuda de éste ante el licenciado San Pedro y el doctor La Gasea:

«Aceite, lo más anexo que se pudiese auer, tres libras. Terbentina de bete, dos libras. En falta desta, sea de la común, clara y limpia. Vino blanco, anexo y escogido, media azumbre. Encienso molido y cernido, media libra. Trigo limpio, dos puños, de quatro a seis onzas. Ipericón, yerba conocida, media libra. Valeriana y cardo benedito, de cada uno quatro onzas, aunque en la declaración que hizo antel señor doctor de La Gasea no dice más de dos onzas de cada una destas dos yerbas, y según son raras de auer, bastará en especial el cardo benedito, que en esta corte no lo ay, sino en jardines y campesino, que para el efecto, a mi juicio, es mejor; no se sabe que lo aya en esta corte, sino al derredor de Toledo. El tiempo para cogerse estas yerbas más conveniente, es cuando están en flor y simiente, y an de secarse a la sombra para que siruan todo el año. Forma de hazerse: infúndanse las yerbas en el vino por espacio de seis u ocho horas en olla de cobre o barro, que esté tratada y quepa la tercia parte más de lo que se ha de echar en ella, y pasadas las horas dichas, échese el trigo y aceyte, y tapada la olla, póngase a cocer a fuego manso de carbón, y de rato en rato menéese, tornándolo a tapar, y quando se ouiere gastado el vino, que se conocerá moxando un palico, y llegándolo al fuego, si ardiere sin respender, apartarlo an del fuego, y reposado un poco, cuélese por lienzo no muy tegido, y hágase una moderada espesión de las yerbas, y el aceyte colado vuéluase al fuego, y yerba hasta que esté muy bien mezclado y que aya el aceyte subido un poco de punto, y hecho esto, apártese del fuego, y amansado el herbor, échese el incienso y tápese la olla, y vuelua al fuego, donde pase un leue herbor, y tapado y reposado, guárdese en un vaso de vidrio o vedriado.»"

Zancas largas, que mucho creces y poco granas

"Zancas largas, que mucho creces y poco granas"

Úsase esta expresión en la provincia española de Segovia en alusión al centeno que alcanza gran altura, dando un fruto peor que aquel que menos crece. En un sentido más genérico se aplica a los jóvenes que crecen mucho, quienes suelen desarrolarse peor intelectualmente.

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