Manos blancas no ofenden

"Manos blancas no ofenden"

Este refrán da a entender que las ofensas de las mujeres no lastiman el honor de los hombres.

El origen de esta frase se remonta al nacimiento de la princesa Isabel, hija de Fernando VII, cuando la ley Sálica fue derogada con el objetivo de que la recién nacida pudiese ocupar algún día el trono Español. Sin embargo los partidarios del antiguo régimen consiguieron que el rey, gravemente enfermo, firmara un decreto restituyendo la ley. Este decreto no llegó a ver la luz pues cuando la infanta Doña Carlota, hermana de la reina, descubrió el complot, arrancó de las manos del ministro Don Francisco Tadeo Calomarde el documento en cuestión, rompiéndolo en pedazos y dando una sonora bofetada al ministro, quien se limitó a inclinarse y a pronunciar estas palabras que han pasado a la historia como proverbiales.

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